sábado, abril 27, 2013

Triste otoño




Y la noche caía
Como la mirada en el vacío
Desorbitada y desparramada
Atónita y vulnerable
Caía, y aún sin llegar
La vida había pasado
Dejando un vestigio somnoliento
En los albores de un pestañeo confuso.

La noche caía
Y con sus brazos oscuros
Abrazaba la eternidad
Una lágrima estrellada
Desaparecía tras el infinito
Como la sonrisa desaparece tras la congoja.

La noche caía
Y con ella,
Las hojas del otoño
¿Cómo no caer entonces,
el sol tras el horizonte?
Caen lentamente los párpados
¿Cómo no caer entonces,
La tristeza arrastrándose por la mejilla?

Cae la noche
Y con ella se hunde el día
Bajo la tierra
En un féretro lleno de memorias
Desaparece la vida
Como los besos tras esa boca fría.

Desaparece la visión
Así como nace el recuerdo
¿Cae la noche y no caeremos nosotros?
Cae la niebla como cae la cercanía
Caen las hojas como se desprenden nuestras
                                                          [manos.

La tierra abraza la distancia
Irrevocable ausencia
Nuestras miradas se desprenden
Como el pálpito y la quietud
Tu piel se desvanece
Como el tacto en mis manos
Tu figura se confunde ahora
Con el fondo del abismo que mis ojos ya
                                                          [no ven
Y la oscuridad de la noche donde mi mirada
                                                          [ya cayó.

Cae la noche
Atónita y fulminante
Nace un silencio ahogado
De aquel aire que ya no compartimos
Caemos como hojas de donde ya no pertenecemos
Somos el otoño, irremediablemente
La tierra nos abraza
Ahora somos un recuerdo.      


martes, mayo 22, 2012

Despropósito




Poso mis ojos en la distancia
Pero no la del prismático en la lejanía
Y observo el abismo de la misma forma que el camino
Una lluvia tibia humedece mi rostro
Confundiéndose con mis lágrimas, aciagas
Que lloran el recuerdo y lloran el deseo
Que lloran solas
Quizás por nada o quizás por todo
Y camino sintiéndome en el aire
Mirando la gente sin rostro
Denotando su ausencia (o tal vez la mía)
Y me arrimo a un cuarto oscuro
Como un animal sin ojos
Fumo, pienso, me alejo
Del camino
Del abismo.

Abro mis ojos sintiendo una agonía
Y los cierro sintiendo un consuelo
El insomnio comienza a ser la vida entera
Y la vida, un sueño sin propósito
Como un ave vuelo huyendo del invierno
Pero no es del invierno de quien huyo
Y tampoco huyo
Exhausto observo la luz siendo aplastada por la noche
Exhausto, añoro irrealidades mágicas
Perderme en mundillos íntimos
En cielos alternos
Ser tinta, ser papel, ser poesía
Porque no estoy aquí no tampoco allá
Tal vez esté en un acorde de blues
Desgarrado, cantinezco
En una guitarra carcomida por el dolor
Sublime
Olvidado.

Poso la mirada en el vacío
Y el vacío se posa en mí
Desfragmentándome hasta perderme
Como un puñado de polvo en el aire
Soy polvo, soy aire
Soy la insignificancia, soy polen
Poso mi mirada, exhausta
En el gentío prescindible
En el mismo sol cada tarde
En mis pasos inocuos, en círculo
Exiliado del tiempo, del calendario
Soy relatividad, soy percepción
No me busquen, pero no me olviden
Poso mi mirada en un punto muerto
Mientras la vida pasa
Soy melancolía
Soy azar
Soy la vida
Soy la muerte.

jueves, septiembre 01, 2011

La puerta del sueño




Miro la noche, un lugar complejo y extraño
Llena de ojos transeúntes
Y las sombras, como una estela invisible
Ausentes a cada mirada
Y una bocanada no hace más que profundizar
Ese ideal cósmico de sentirnos cerca de las estrellas
Como tal vez naufragar y sentirnos en tierra
Nuevamente una bocanada
Y el aire que golpea suavemente la piel
Un golpe que te atrapa
Un golpe que te desmaterializa
Y te expandes como una voluta de humo
Ascendiendo en figuritas aleatorias
Formadas por aquella imaginación inefable
Infinita, de rasgos ahora nocturnos
Y te mueves al momento de desparramarte
Y ser tocado por la humedad
Sentir ese frío que te aleja de las cosas
Huir y sentirte un paisaje para nadie
Otra bocanada
Y el murmullo que huye de cada rincón
Como si el silencio fuese una cajita musical
Que se abre en cada calle
Si, el silencio, tan armonioso
Que pareciese provenir de un violín
O tal vez un piano flotante
Una estrella sin voz
O las luces intermitentes de la ciudad a lo lejos
La noche, tan anónima
Tan secuaz de ella misma
Irrestricta
Serena al momento de hipnotizarte
Vertiginosa, al momento de absorberte
En esa complicidad a la deriva
Ese silencio sin timón
Una bocanada más, profunda y silente
Que te recuerda el delirio por la prontitud del sueño
Un lugar complejo y extraño
Lleno de ojos borrosos y dimensiones corrompidas
Un relato en tercera persona
Donde eres protagonista y narrador
El cual entras sin recuerdos
Para verte dando una bocanada una noche cualquiera.




jueves, marzo 31, 2011

El desencuentro de la mirada



¿Dónde irá esta mirada perdida?
Si por alguna razón buscase un lugar
Mas no una visión
¿O huye de la circunstancia indecible?
Aquella que irrogará una incertidumbre indeseable
La cual de alguna manera intuyes.

¿Dónde mirará esta interrogante?
Si por algún motivo buscase una respuesta
Repasando antiguos versos
Como un tranvía hacia la duda existencial
Mas no un retorno hacia mares ya navegados
(O quizá hacia uno que otro naufragio).

¿Hacia dónde se fue mi mirada?
Que de improvisto se humedeció bajo el sol
Como si una sonrisa se perdiese durante la carcajada
Luego, una estrella se pierde en la infinitud
Quedando sólo su luz, que no es más que un desfase
¿Es, aquel desfase una trampa a la mirada?

Del día a la noche, aquel ciclo
¿Y si mi mirada se encontrase exhausta?
De la realidad de turno, tal vez
De la visión estampada, de la inmovilidad enraizada  
¿Y si la realidad fuese un desfase?
Momentos que sólo parecen
Noches que quizás no lo sean
Vidas que tal vez sólo sean un eco inacabable.

¿Dónde irá esta mirada perdida?
Si por algún motivo buscase esconderse
De otras miradas, de la propia
Ocultarse tras la sombra de la incertidumbre
Como si por algún motivo buscase la sorpresa
Como si por alguna extraña razón buscase
Aquella verdad perdida dentro de una ficción.

¿Hacia dónde se aleja mi mirada?
Que traspasa el horizonte
Errante, hundida en la duda.  

viernes, enero 14, 2011

Sustancias (Pasos)




¿Y si dejase una voluta como representante legal de mi ser en la tierra? Tal vez dialogaría con más ímpetu, que esa boca lejana… que ya no tiene… palabras… Como muy bien me dijo una vez mi mudo amigo, representante Honoris Causa del lenguaje, que por muy contraproducente denotaría (diría el básico), sino que muy bien expresaría (figura metalingüística). Para esa huída sin fin que me permitiría tal cortina de humo para dar esa ilusión de invisibilidad.
¿Y si dejase un cigarrillo humeando en el cenicero? Tal vez exprese más de lo que yo pueda, una madrugada como esta, unas ganas como las que tengo, un camino que ya habré tomado cuando alguien se percate que la voluta es solo lo que queda, como una luz en el firmamento, como una estrella que murió años luz atrás y aún la vemos rondando nuestras pupilas.
¿Y si esto no significa lo literal?
¿Qué interpretación podrá dar la muerte a este cojo resabio?
¿Y si es literal?
¿Quién sabrá?
Me disperso sin respuesta…

miércoles, noviembre 17, 2010

Sustancias (De la breve sensación)

      

       El poema es una circunstancia, casi como una fotografía, donde se expresa un sentir radicado en cierto momento en el tiempo. Es único no sólo por su esencia, sino por su realidad momentánea, por su contexto. 
      El poema es una pequeña realidad, el sueño de una noche, que no quita, aún, su inmortalidad, su trascendencia, esa calidad innegable.
       El poema es un fantasma pertinaz, una madrugada que sueña cada noche; mas un sueño que se acaba en un alba inconstante, una inconstancia interminable, una ocurrencia que levita sobre cada sensación.
       El poema es un fragmento de tiempo que se vuelve atemporal, la certeza más audaz de nuestra alma, el instante más genuino del hombre.

lunes, octubre 18, 2010

El vuelo




Emprendo un vuelo en silencio
A ras y con los ojos cerrados
Tomándote de las manos
Como si el tiempo no nos tocase
Alzamos un vuelo.

Emprendo un delirio silencioso
El delirio de vivir
Bajo los ojos de cada noche
Como si la luna nos acompañase
Volamos en delirio.

Tomo el secreto de la voz
Como si fuese una lucecita en la oscuridad
Una palabra, un soneto
Tan volátil, pero tan cierto
Un pequeño poema, un gran vuelo.

Alzo los brazos, sin esperar que alguien
                                               [me tome]
Sino para abrazar algo más que el cielo
Quizás la continuidad de mi vuelo
Sabiendo que lo perpetuo está en los instantes
Sabiendo que el instante es un parpadeo
                                                      [irrepetible].

Vuelo, sin ese desgano de la quietud
Y dejo una sonrisa en el aire
Para que lo imposible muera
Así que toma mi mano y volemos
Para que los sueños se jacten de mezclarse
                                       [con nuestro mundo].

Alzo un vuelo, cercano a toda lejanía
Como lo sería caminar con los pies sobre la
                                                                  [tierra]
Y hundirse en la indiferencia del respiro agónico
Y las raíces de la inmovilidad carcelaria
Ven, alcemos un vuelo.


jueves, agosto 26, 2010

Sensaciones




Una noche de luna llena decidí escribir
Sobre esos misterios de la vida
Vencido, lejos de alguna razón
Vencido, dejándome atrapar por el aire
En silencio, contemplando, aquellas hojas
En una dirección conjunta
Aquella alba, color de mi mirada
Que ya me ha abrazado, dejando huellas en mi piel
Dejando una mañana que extraña
Una causalidad con vestigios por doquier.

Aún, me niego a cuestionar
Sólo me detengo a mirar mis manos
Y sentir que no están solas; tocadas, tocando
Un momento íntimo como el mirarse a los ojos
Y sentir que no hay distancia
Como la luna y la noche
Como la boca y un beso.

Me detengo, para abrir mis ojos y ver esas postales
Que dejan el juego de dos alientos
Que se consumen a la vez que se dan vida
El ayer, que ahora parece vacío sin esos roces
Que el presente me hace extrañar aún en ellos
La sonrisa, que se escapa de la boca sin un porqué
Con la sola mirada que se hunde en un destello
Con un solo destello que da luz a todo el día
Un día que no basta, sino un número incontable
Para dormir bajo un abrazo y despertar,
Sin querer salir de él.

Me detengo y cierro mis ojos, porque extraño
¿Acaso no extrañarán los ojos a la mirada?
¿Acaso no extrañará la voz a las palabras?

Los misterios de la vida se nutren de no tener respuestas
Y se alimentan de la pregunta y la búsqueda
Mas, yo me detengo y no cuestiono
¿Es que acaso las nubes se cuestionan de ser abrazas por el cielo?
Me detengo y encuentro en el silencio lo que quiero oír
Que no son palabras, que no son respuestas
Sino una mano que se posa en mi piel
Una mirada que me busca y me encuentra buscándola
Un suspiro ajeno que nace en mis labios
Un ronroneo que rueda por cada caricia
Un día que espera con ansias a la noche, a otro día, otra semana
Y no me pregunto porqué
Solo me detengo a mirar la luna y ver tu rostro.

lunes, julio 19, 2010

Si tan solo otra ala...



Se me ocurrió que tal vez, este poema también podría servir para hacer un Shortcuts animado, con música de Yann Tiersen o algo así. ¿O estaré pelando mucho el cable?



Tras un día soleado o quizás nublado
Tras una multitud inquieta
Un ave se pasea por cada lugar
Pendiente, invisible,
Veleidosa, a veces
Irresoluta, a veces.

Tras una cortina de rostros desconocidos
Tras un bullicio inefable
El ave contempla lo que nadie ve
Ensimismada, sonriente
Inquebrantable, a veces
Tímida, a veces.

Tras el horizonte inalcanzable
Tras un día ya pasado
El ave vuela y sonríe
Susceptible, desnuda
Con una lágrima de alegría
A veces,
Con el rostro descubierto
A veces.

Tras el sonido de una brisa
Tras un manto neblinoso
 El ave descansa en su manantial
Distraída, volátil
Buscando, a veces
Dejándose encontrar, a veces.

Tras un concierto de relojes
Tras la erosión de la tierra
El ave contempla su reflejo en una pileta
Seria, impenetrable
Cansada, a veces
Resignada, a veces.

Tras una lluvia fugaz
Tras una lluvia implacable
El ave se divierte volando sin destino
Extasiada, sin voz
Alucinada, a veces
Anonadada, a veces.
Tras una noche larga
Tras una noche fría
El ave duerme sola en una cornisa
Onírica, utópica
Deseosa, a veces
Melancólica, a veces.

Tras miles de arreboles
Tras miles de albas
El ave ya no vuela
Imposibilitada, tullida
Sabia, a veces
Nostálgica, a veces.

Tras la consecución normal de la vida
Tras un largo otoño
El ave descansa para siempre
A los ojos de todos
Sempiterna, carcomida
Bella, a veces
Inconclusa, en ocasiones.


miércoles, junio 23, 2010

Sustancias (Un día de lluvia)




Llueve a cántaros. El viento (implacable y turbio) se lleva los suspiros como la verticalidad del agua, hacia horizontes desparramados, dejando huellas en cada ventana, dejando la mirada reposada en lo acuoso, dejando la mirada tras las bambalinas de una madrugada húmeda y en soledad, dejando la mirada caer con cada gota, como si las nubes fuesen los párpados, como si el cielo fuese los ojos.
Llueve a cántaros. El arrebol dejó de ser una transición ruborosa hacia la noche, a caminar en la clandestinidad tras las sombras de un cielo cubierto, envolvente de lágrimas diáfanas que purifican el aire, que hacen más fácil el recuerdo, que permiten tocar con una mano la ventana y sentir que el agua te toca y te absorbe, que te llama a caer sin caer en nada, sino caer como hojas secas en una brisa lateral. Infinito.
Llueve a cántaros. Y un frío te recorre la espalda como una mano ajena, mientras miras las luces de la ciudad como si fuesen luciérnagas inmóviles. Sientes en el aire la humedad, como estar rodeado de peces, como estar acostado en la orilla después que el mar se recoge, y un aliento invernal te roza la boca, entumeciendo tus labios, como besar el alba luego de la lluvia, como acariciar con tu mano una mañana fría.
Llueve a cántaros. Y todo se mezcla en una sola forma, como si lo difuso se hiciese parte de los detalles y algunos detalles dejasen de ser difusos, como si tomarme un café o mirar por la ventana fuesen un mismo acto que quizá ni siquiera fuese uno de los dos, sino otro; como si estar parado en una esquina o mirando por una ventana diera igual. Llueve a cántaros, y un par de gotas me avisan que debo salir de mi letargo, mientras llueva.

miércoles, mayo 05, 2010

Sustancias



"Caminé tumbado por una nostalgia incipiente, como si cada rincón, cada lugar fuese un recuerdo en potencia, como si me preparase de antemano a una situación el cuál recordaría un momento que aún no sucede. Y esa nostalgia incipiente se refería a eso, atrapándome en una burbuja jazzística que recorría pasados y futuros sin un fin cierto, sin un contexto determinado. Y el presente, una brisa que me llegaba de costado y me desviaba la mirada hacia conciertos sin tiempo, una sonrisa que nacía de mi boca sin que yo la quisiera, como una muestra de mi vulnerabilidad hacia subconscientes traviesos que van y vienen, como una muestra de mi descontrol hacia ingravidades lejanas que me añoran. Y caminé, tumbado por la impresión que me produjo darme cuenta cuanto había caminado sin recordar las calles por las cuales pasé. La burbuja jazzística se había desvanecido y me fumaba un cigarrillo con la convicción de recordar cualquier cosa pasajera. Y cuando comencé a recordar algo, arrojé el cigarrillo y seguí el compás del saxo con mis dedos, en realidad no quería recordar..."  

miércoles, marzo 24, 2010

La inefable alegoría del tiempo (Microrrelato)





El cadáver yacía tendido sobre la alfombra. El cuchillo había descansado por una hora en la cartera esperando probar la sangre por primera vez, en una noche silenciosa y estrellada de amargura, bajo la cual, ella había caminado varias cuadras a pasos nerviosos y rebozada de angustia, donde cada bocanada de su cigarrillo contenía una ansiedad ominosa. Antes de salir del hotel, había bebido dos copas de vino mientras pensaba que las cosas se habían extrapolado demasiado y que a cada minuto caía a un abismo insondable difícil de percatar, tan anónimo, tan mudo y tan etéreo como el mismo tiempo. ¡Oh, tan indiferente e ingrato que es! Habría pensado ella, con una calma que le desesperaba, no así horas antes, mientras lo planeaba todo, desnuda en la cama junto a su amante, que reía maliciosamente imaginando el resultado y ella tratando de responder a esa sonrisa, pero con un dejo de melancolía. Melancolía que debilitaba sus fuerzas cuando subía por las escaleras hacia su departamento, confundida entre un cúmulo de ira e indecisión. Y cuando estaba preparada, a espaldas de su marido que se dirigía a abrir la puerta, tras la cual estaba su amante que lo distraería mientras ella consumaba el cometido; ella se abalanzó cerrando los ojos siendo presa de un odio inconmensurable y le enterró el cuchillo en el corazón de su amante. El cadáver yacía tendido sobre la alfombra y ella sólo abrazó a su marido implorando el perdón.    


jueves, noviembre 26, 2009

De la huida y su viaje inagotable


          

            Viajar es un lapsus. Un reproche, el reproche hacia la apariencia del entorno, que empieza por la superficie hasta la realidad más innegable. Viajar, es la careta de una búsqueda, pero no es más que una huida, un descanso casi desesperado, el disfrute de desvanecerse repentinamente, un grito ahogado que conoce su voz. Viajar, es un lapsus vertiginoso que te aleja del agobio, un bullicio que se torna silencioso, un vacío que se llena de nuevas sensaciones, una sensación que te libera en el aire, bajo el océano, entre la arena, en la caída de una cascada y en su ruido disonante, en la penumbra tras tus párpados, en la humedad de una lluvia distinta, en el asombro de tu mirada que se fija en la conjunción de nuevos colores, en el frío de una noche estrellada, en el aroma de la lejanía, en la quietud del olvido. Viajar, es desatarse los pies y correr, quedar ciego y lanzarse al abismo, sacar la voz y que nadie te escuche, ocupar los espacios, ver que el mundo se queda sin paisajes, sentir que el tiempo es un azar que ya no te incumbe, una preocupación que ya no te corresponde, sino sólo para envejecer, una realidad que ahora se preocupa de erosionar tu recuerdo. Viajar, es dejarse a otras perspectivas, fluir en otras percepciones, cambiar de ángulo las cosas, tomarse una fotografía y que salgas invertido; es mutar a cada momento, siendo a veces una ola en un mar infinito, siendo polvo transportado de brisa en brisa, siendo un horizonte mientras descansas acostado mirando el cielo, siendo un murmullo que deja el viento al pasar cerca de los árboles. Viajar, es arrancarse la piel en la huida, el pelo, las uñas. Viajar es una negación, una intransigencia; es quedarse sordo deliberadamente, un dialogo sin pausas entre tú y una noche de insomnio. Un monólogo que calla paulatinamente mientras desapareces, mientras huyes, mientras viajas. Viajar, es un lapsus indefinido, un paréntesis abierto en un párrafo aparte, un punto suspensivo que dé término al penúltimo capítulo, dando paso a una hoja en blanco en el epílogo. Viajar, es dejar un retorno presunto, una incertidumbre incomprensible; es dejar huellas sobre la tierra que terminen abruptamente, sin dejar lugar para buscar. Viajar, es arribar en una fuga hacia las huestes de la atemporalidad y lo etéreo, tan lejos como lo imposible pueda, tan imponderable como la inconmensurabilidad resista. Viajar…
            Quizá nada de ello fuere posible si no sientes esa libertad absoluta, aquella que te permite huir cuantas veces quieras, de cada lugar las veces que desees. Huir, un viaje incansable sin destino alguno, huir del lugar al cual nadie te encontró, hacia confines al que nadie se imaginaría buscarte. La huida, una caminata sobre una calzada sideral, contemplativa y escurridiza tras el horizonte, que al voltear tu rostro lo ves como una mancha ruborizada, que representa fielmente un pasado tímidamente tuyo. Huir, huir con la libertad de huir, huir con la esperanza de seguir huyendo, huir en un vuelo infinito que signifique la lejanía de cuanto conoces, huir en un vuelo paralelo que roce la nada y el vacío. La huída, una caída volitiva sin alas para siquiera huir de aquella caída. Es perderse. Huir sin orientación alguna. Es una libertad imponderable. El desplome hacia la ausencia. Huir, a veces cerrar los ojos y huir…

lunes, octubre 26, 2009

La huída





¡Huir! Huir de este encierro
Huir de esta libertad
Huir lejos, donde no puedas existir
Huir solo con lo que llevas puesto
Quizás con tus libros
Quizás con algo de música
Huir sin dejar una nota de despedida
Desaparecer en la incertidumbre de la marea
O en la dirección que el viento sople.
¡Huir! Huir…

Saber que son otras sabanas las que
Envuelven tu cuerpo
Ver que el sol salga por otro rincón
Dejar rostros que sepan que huiste
Para encontrar otros que te vean aparecer
Situarse en la clandestinidad
De aquellos que te observaban
Para pasearse frente a ojos despistados
Que no se inmuten al posarlos en ti.

¡Huir! Huir de estas paredes
Huir de este paisaje que no se despega
Huir del idioma, huir de las costumbres
Huir del saludo y la despedida
Huir de esta vida, pero también de la muerte
Huir de lo simple y lo complejo
Para conocer otra simplicidad y complejidad.

¿Haré alguna diferencia?
Si después de huir querré hacerlo de nuevo
Entonces huiré.

¡Huir! Es una salida y entrada a la vez
Salir de un camino que se vuelve plano
Para caminar en la ladera de un río
Inserto en el corazón de la lejanía
Intratable, inconquistable
Que recorra regiones olvidadas
Lejos de cualquier vestigio de existencia
Ubicado tras las cortinas de una turbulencia
Inexplorable, al acecho de una muerte inminente
Y así todos huyan de mi huída
Así todos recuerden no buscarme
Así todos busquen no recordarme.


¡Huir! Huir en un viaje sin retorno
Huir del norte, huir del sur
Ser un fantasma para cualquier brújula
Ser un naufragio en un océano perdido.

¿Podré no regresar?
¿Podré ser un ente nómade sin retorno?
¿Podré ser un instante en cada rincón?

¡Huir! Huir…
Huir y dejar un obituario en cada lugar
Huir corriendo, huir volando
Huir desapareciendo…

Que mi cuerpo sea una erosión constante
Que mi estadía sea una entropía
Que mis pasos sean un silencio
Que mi respiración sea una brisa en un vendaval.

¡Huir! Huir…
Huir de todo ángulo, de toda perspectiva
Ser una metaexistencia
Una teoría incomprobable
¡Huir! Huir…
¿Hasta cuando huiré?
Desde luego, también huiré del cuestionamiento
¡Huir!
Huir…



viernes, septiembre 04, 2009

Del sueño, la quimera y la realidad (?)




Del tiempo extraño y voluminoso
Un unicornio corre por campos celestes
Las flores suspendidas en el aire
Flotan en una tranquilidad agradable
El cielo se levanta de su hamaca
Y bosteza lentamente con los ojos apretados
Mientras un murmullo sonríe
En la boca de los árboles.

Nada ha nacido y nada ha muerto
Los féretros se sostienen
En el borde del abismo
(Sobre la quebrada)
Y ese mismo abismo,
Baila una canción de sonidos mezclados
Entre oriente y occidente
En los brazos de un alud,
En las faldas de un volcán.

Del tiempo profundo y neblinoso
Una escena se repite un millar de veces
De una pareja mirándose a los ojos
Mientras sus rostros van cambiando
Suspendidos en el aire
O en una terraza agrietada
Alguna vez se amaron,
Alguna vez se odiaron.

La mente genera ilusiones contradictorias
Así como de un día teñido de un negro
                                                    [opaco
Así como los gritos estrambóticos del
                                                   [silencio
Mientras tu voz va callando
Y calla vencida por un ahogo
Y se desespera por la agudeza del silencio
Nada ha nacido y nada ha muerto
En las puertas de un valle misterioso.

El unicornio ha desaparecido en el horizonte
Las flores se sientan en la tierra, cansadas
El cielo abre sus ojos y contempla desde
                                                        [arriba
Y los árboles callan tristes y serenos,
Los féretros duermen bajo tierra
El abismo se expande insondable
La canción se disuelve en una brisa
Y el alud y el volcán desaparecen sin dejar
                                                       [rastros.

Del tiempo imperecedero y súbito
Una imagen se dibuja sobre otra
Tenue y con aroma a pasado
Con rasguños de angustia
Y con un traje de muerte aliviante,
Que camina entre callejones conocidos
Emulando una vieja usanza
En blanco y negro, en blanco y negro…

Luego, un vacío reverberante
Lleno de caídas inconmensurables
Tus ojos, atónitos y temerosos
Se confunden con paisajes sobrepuestos
Te ves a ti, ves gente con el rostro borroso
Y luego te confundes con algo parecido al
                                                       [deseo
Fervoroso con algo o alguien
Que no es más que una escena trashumante.

Crees estar caminando por un parque
Crees estar fumando tu cigarrillo
Crees estar avanzando
Crees que es tu vida avanzando junto a ti
Crees que esas aves y ese sol
Son las que contemplas a diario
Crees que eres tú,
En tu momento, en tu mundo.

Del tiempo irreal y aparente
Descansas sobre un lecho invisible
Mirando tu cuerpo acostado plácidamente
En el rincón más oscuro de la noche
Volátil y diáfano
En la mira de tres lunas somnolientas
En un rincón distinto al que te encontrabas
Mirando desde tu cama,
A un hombre que te mira desde un rincón.

Sumergido en una vacuidad surrealista
Eres una pincelada azarosa
Una mancha en un lugar ingrávido
Un color que se va mimetizando
Entre un ojo cerrado y otro a medio abrir
Una estela que se confunde,
Con el epílogo del alba
Un sabor a apacible descanso en la boca
Una sensación en el estómago parecida al
                                                   [hambre
Una picazón en el rostro,
Por el inminente crecimiento de la barba
Una mirada de reconocimiento del exterior
Y un sol que brilla entre la densa neblina.