El cadáver yacía tendido sobre la alfombra. El cuchillo había descansado por una hora en la cartera esperando probar la sangre por primera vez, en una noche silenciosa y estrellada de amargura, bajo la cual, ella había caminado varias cuadras a pasos nerviosos y rebozada de angustia, donde cada bocanada de su cigarrillo contenía una ansiedad ominosa. Antes de salir del hotel, había bebido dos copas de vino mientras pensaba que las cosas se habían extrapolado demasiado y que a cada minuto caía a un abismo insondable difícil de percatar, tan anónimo, tan mudo y tan etéreo como el mismo tiempo. ¡Oh, tan indiferente e ingrato que es! Habría pensado ella, con una calma que le desesperaba, no así horas antes, mientras lo planeaba todo, desnuda en la cama junto a su amante, que reía maliciosamente imaginando el resultado y ella tratando de responder a esa sonrisa, pero con un dejo de melancolía. Melancolía que debilitaba sus fuerzas cuando subía por las escaleras hacia su departamento, confundida entre un cúmulo de ira e indecisión. Y cuando estaba preparada, a espaldas de su marido que se dirigía a abrir la puerta, tras la cual estaba su amante que lo distraería mientras ella consumaba el cometido; ella se abalanzó cerrando los ojos siendo presa de un odio inconmensurable y le enterró el cuchillo en el corazón de su amante. El cadáver yacía tendido sobre la alfombra y ella sólo abrazó a su marido implorando el perdón.
"La atemporalidad de mis nociones hace que yo mismo sea una esquizofrenia a la realidad que me circunda, sin ser más y sin ser menos"
miércoles, marzo 24, 2010
jueves, noviembre 26, 2009
De la huida y su viaje inagotable
Viajar es un lapsus. Un reproche, el reproche hacia la apariencia del entorno, que empieza por la superficie hasta la realidad más innegable. Viajar, es la careta de una búsqueda, pero no es más que una huida, un descanso casi desesperado, el disfrute de desvanecerse repentinamente, un grito ahogado que conoce su voz. Viajar, es un lapsus vertiginoso que te aleja del agobio, un bullicio que se torna silencioso, un vacío que se llena de nuevas sensaciones, una sensación que te libera en el aire, bajo el océano, entre la arena, en la caída de una cascada y en su ruido disonante, en la penumbra tras tus párpados, en la humedad de una lluvia distinta, en el asombro de tu mirada que se fija en la conjunción de nuevos colores, en el frío de una noche estrellada, en el aroma de la lejanía, en la quietud del olvido. Viajar, es desatarse los pies y correr, quedar ciego y lanzarse al abismo, sacar la voz y que nadie te escuche, ocupar los espacios, ver que el mundo se queda sin paisajes, sentir que el tiempo es un azar que ya no te incumbe, una preocupación que ya no te corresponde, sino sólo para envejecer, una realidad que ahora se preocupa de erosionar tu recuerdo. Viajar, es dejarse a otras perspectivas, fluir en otras percepciones, cambiar de ángulo las cosas, tomarse una fotografía y que salgas invertido; es mutar a cada momento, siendo a veces una ola en un mar infinito, siendo polvo transportado de brisa en brisa, siendo un horizonte mientras descansas acostado mirando el cielo, siendo un murmullo que deja el viento al pasar cerca de los árboles. Viajar, es arrancarse la piel en la huida, el pelo, las uñas. Viajar es una negación, una intransigencia; es quedarse sordo deliberadamente, un dialogo sin pausas entre tú y una noche de insomnio. Un monólogo que calla paulatinamente mientras desapareces, mientras huyes, mientras viajas. Viajar, es un lapsus indefinido, un paréntesis abierto en un párrafo aparte, un punto suspensivo que dé término al penúltimo capítulo, dando paso a una hoja en blanco en el epílogo. Viajar, es dejar un retorno presunto, una incertidumbre incomprensible; es dejar huellas sobre la tierra que terminen abruptamente, sin dejar lugar para buscar. Viajar, es arribar en una fuga hacia las huestes de la atemporalidad y lo etéreo, tan lejos como lo imposible pueda, tan imponderable como la inconmensurabilidad resista. Viajar…
Quizá nada de ello fuere posible si no sientes esa libertad absoluta, aquella que te permite huir cuantas veces quieras, de cada lugar las veces que desees. Huir, un viaje incansable sin destino alguno, huir del lugar al cual nadie te encontró, hacia confines al que nadie se imaginaría buscarte. La huida, una caminata sobre una calzada sideral, contemplativa y escurridiza tras el horizonte, que al voltear tu rostro lo ves como una mancha ruborizada, que representa fielmente un pasado tímidamente tuyo. Huir, huir con la libertad de huir, huir con la esperanza de seguir huyendo, huir en un vuelo infinito que signifique la lejanía de cuanto conoces, huir en un vuelo paralelo que roce la nada y el vacío. La huída, una caída volitiva sin alas para siquiera huir de aquella caída. Es perderse. Huir sin orientación alguna. Es una libertad imponderable. El desplome hacia la ausencia. Huir, a veces cerrar los ojos y huir…
lunes, octubre 26, 2009
La huída
¡Huir! Huir de este encierro
Huir de esta libertad
Huir lejos, donde no puedas existir
Huir solo con lo que llevas puesto
Quizás con tus libros
Quizás con algo de música
Huir sin dejar una nota de despedida
Desaparecer en la incertidumbre de la marea
O en la dirección que el viento sople.
¡Huir! Huir…
Saber que son otras sabanas las que
Envuelven tu cuerpo
Ver que el sol salga por otro rincón
Dejar rostros que sepan que huiste
Para encontrar otros que te vean aparecer
Situarse en la clandestinidad
De aquellos que te observaban
Para pasearse frente a ojos despistados
Que no se inmuten al posarlos en ti.
¡Huir! Huir de estas paredes
Huir de este paisaje que no se despega
Huir del idioma, huir de las costumbres
Huir del saludo y la despedida
Huir de esta vida, pero también de la muerte
Huir de lo simple y lo complejo
Para conocer otra simplicidad y complejidad.
¿Haré alguna diferencia?
Si después de huir querré hacerlo de nuevo
Entonces huiré.
¡Huir! Es una salida y entrada a la vez
Salir de un camino que se vuelve plano
Para caminar en la ladera de un río
Inserto en el corazón de la lejanía
Intratable, inconquistable
Que recorra regiones olvidadas
Lejos de cualquier vestigio de existencia
Ubicado tras las cortinas de una turbulencia
Inexplorable, al acecho de una muerte inminente
Y así todos huyan de mi huída
Así todos recuerden no buscarme
Así todos busquen no recordarme.
¡Huir! Huir en un viaje sin retorno
Huir del norte, huir del sur
Ser un fantasma para cualquier brújula
Ser un naufragio en un océano perdido.
¿Podré no regresar?
¿Podré ser un ente nómade sin retorno?
¿Podré ser un instante en cada rincón?
¡Huir! Huir…
Huir y dejar un obituario en cada lugar
Huir corriendo, huir volando
Huir desapareciendo…
Que mi cuerpo sea una erosión constante
Que mi estadía sea una entropía
Que mis pasos sean un silencio
Que mi respiración sea una brisa en un vendaval.
¡Huir! Huir…
Huir de todo ángulo, de toda perspectiva
Ser una metaexistencia
Una teoría incomprobable
¡Huir! Huir…
¿Hasta cuando huiré?
Desde luego, también huiré del cuestionamiento
¡Huir!
Huir…
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