
Y sentía que el mundo dejaba de mirarme
Abandonado, incluso, por el movimiento
Abandonado, incluso, por la persistencia
Abandonado, incluso, por la brisa apasionante
Y sentía que me hacía invisible.
Más no poder esperar
Adentrarme en el crucero lleno de flores
Más no poder separar
El pensamiento sicodélico de la obligación cierta
Más no poder… comenzar a soñar.
Y sentía las voces del aire y del mar
Haciendo dibujitos tristes en las nubes
Haciendo las nubes tristes
Mirando la ciudad tan cerca y yo tan lejano
Y sentía que me desvanecía.
Mirando el lecho de la historia
En donde salían a flote esas personas
Y lloraba y sentía y reía y sostenía
Siendo empujado por el viento emocionante
Hacia el abismo del horizonte.
Y sentía que corría sobre los labios de algo
La boca sensual de la oportunidad
Que me besaba una noche recordando un romance
Que se humedecía con mis lágrimas de cortejo
Y sentía que era de nadie.
Yo cortejaba el perfume del vacío
Cuando no estaba, pero me miraba
Oyendo los aforismos que recitaban las estrellas
Danzando sobre un piano ingrávido
Yo reía de todo lo sucedido, ya no lamentaba.
Y sentía el calor de las ilusiones
Que caían abrazadas en cada lágrima de lluvia
Siendo un tímido rocío en un tibio amanecer
Que me hizo joven al despertar acariciando una sonrisa
Y sentía el polvo de la perplejidad disipándose en segundos.
Cada momento se paralizaba a mis espaldas
Más no poder avanzar
De un canto suntuoso en el aire
Más no poder creer
Que era el alba disfrazada de noche.
Y sentía que gastaba mi tiempo
Se me escurría como agua entre mis dedos
Como sabor en el paladar
Gastándolo tímidamente en una poesía olvidada
Y sentía que me gastaba.
Ya más no poder acariciar de la misma forma
Donde el tacto se convierte
De seda a escalofríos, de escalofríos al miedo
Y la soledad me abrazaba de una forma distinta
Como flores a la luz, como luz a la sombra.
Y sentía que me cuidaba
De las voces del olvido y el pesar
Del sentido inicuo espiándome tras un espejo
Y olvidando que olvidaba
Y sentía el frío de que están hechas las cosas.
Seducciones como cielo al ave
Como lenguaje a la expresión
Era mi ausencia resentida
En el lugar ausente desde las distancias inexistentes
Era sumido en una total aflicción súbita.
Y sentía el dolor inherente
Del no saber un sentir sabido
Bullado de gritos ahogados y silencios caóticos
Abandonado, incluso, de la cordura sicótica
Y sentía la deleznable duda sobre mí.
Y sentía el más no sentir
Cuando el mundo calla y tú continúas volando en el ruido
Cuando floreces y el aire no te toca
Y sentía, entonces, la pasión hacia ese polen olvidado
Cuando despiertas extrañando algo incierto
Cuando visitas por fin tu alma ensimismada sangrando esperanzas
Y sentía mi alma
Y sentía mi vida
En el valle endulzado rebozante de minutos fugaces y calvarios melodiosos
Donde hay un vacío en el tiempo ocupado por mi parafernalia.
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