lunes, octubre 31, 2005

Noción penumbrosa de lo abstracto.



Sintiendo todo tan escaso
Lo común, particular pero no lo abstracto
Ni siquiera yo puedo sentarme en mi regazo
Es que actúo como ellos y por eso me retracto.

La vida es a veces sin palabras
Lo tomo, enmudezco y espero
Lástima que muchos se guíen por parábolas
Y es así como se convierten en embusteros.

Encuentro el cilicio que yo no he puesto
Porque quiero danzar con valores y nobleza
Una gitana me ha dicho que alguien de mí quiere lo opuesto
Pero no importa, traspaso barreras y encontraré mi condesa.

No entiendo lo mágico e irreal
Se posa sobre mí perturbando mi andar
Aunque siempre supe que no todo era terrenal
Por eso camino cantando, sintiendo el llorar.

Es el raro existencialismo
Y las nociones del pesar
A cada alba me pregunto a si mismo
Con que muerte me voy a casar.

Y pensar que vivo para proyectar
En el camino miro, siento y olvido
Esperando algún día el concretar
Es que la verdad pide limosnas sin ver el sentido.

Dar a luz en cada momento es el incentivo
Correr, caer, mirar y observar
Es como nos sentimos vivos
Porque de algún lugar la muerte nos mira sin dudar.

domingo, octubre 23, 2005

No hay más.


No hay más que sumergirse… en hojas roñosas, bajo la pluma del pesar y besar las estrofas del incierto paradero de nuestras lágrimas, que así como nacen, mueren en el intento de existir… es como la palabra lágrima, que se extienden bajo la cornisa porosa y se vuelven surrealistas al acariciar la pesadumbre de la subsistencia, temblando como entes, queriendo ser no siendo, siendo no ser, pero presentes, titubeando un bosquejo indefinido, amedrentadas por el presente no escrito o escrito con letras ininteligibles sobre el regazo de la estipulación.
No hay más que dejarse… dejarse en el paradero de la lluvia copiosa y seca, dejarse en la niebla de lo implícito y tácito, dejándose ver, pero no dejándose llevar, ya que las luces llaman, la estirpe involutiva te acaece con lamentos y ataques de dignidad indignos y superfluos… ¿qué hacer? Es la tierna sombra de la nobleza que hace sentirse humano, como llorar sin hacerlo en el lugar del homicidio premeditado de las constantes palabras y hechos, desechos en sinceridad, opacados en expectativas, desdeñados de situaciones reales.
No hay más que continuar… con la novela del más agónico realismo y seguir siendo protagonistas hundidos en el diario vivir, acabando los días, las horas, las palabras hasta la concesión de la muerte, que se nos avecina de manera indudable y concreta y que por mientras lucharemos con el denso antagonismo de la vida, que nos consume y explora, que nos remece y nos quita, que nos ahoga y desahoga, que nos envuelve y desenvuelve, así como capullos vacíos, aferrándonos a lo que mañana se va.
No hay más que escuchar… el silencio sordo que grita y grita, que nos habla, que nos conversa y nos cuenta, nos cuenta eso que no sabemos, porque quien no escucha el silencio está sordo y por ser sordo escuchamos las bajezas dejándonos llevar por una ilusión, que se ilusiona con llevarnos a esa solana indiferente que termina, después del calvario, en el lugar del homicidio cierto de nuestras voces.
No hay más que callar… porque la vida habla sola, nos habla y nos enseña, nos educa y nos conmueve, nos atrapa y nos obliga a seguir corriendo por los callejones del mundo para que el tiempo, el pasado, no nos alcance y no nos envuelva en su manto añejo. Así es. Callar porque nuestro cuerpo habla por sí mismo, empujándonos a dar un paso al suelo inexistente más allá de nuestros pies. Ese futuro. Que tampoco existe. Aunque lo grave es que se encuentre la posibilidad de que si exista, que se haga real, con nosotros como protagonistas de la incierta pesadumbre redundante en tratar de dar nuevamente otro paso al suelo que no se ve. Callar.
No hay más que conmovernos… con el abrazo de la vida, que nos energiza tiernamente entregándonos lo que nunca podríamos haber pensado, sensibilizándonos con el paradigma intrínseco, allanado por los placeres pasionales alejados ciegamente de la órbita de la razón. Ese abrazo, cálido y fraternal, sembrador de la semillita en nuestro corazón, que convierte nuestros campos en esmeraldas fantásticas e infinitas. Ese abrazo, que nos mitiga las neuronas y nos hace hervir la sangre.
No hay más.

sábado, octubre 15, 2005

Personitas versátiles


El siniestro capullo de los pensamientos nacen y mueren, todo un ciclo, como la vida, así es, piensan y se retrasan, como simios retrógrados, como un sol asustado titubeando al salir después de la linda noche... ¿Porqué?... ¿Qué es lo que nos apasiona? ¿Qué es lo que nunca logramos asimilar? ¿Qué es lo que siempre se torna versátil?... ¿Qué?
Siempre volvemos al mismo punto, siempre retornamos al mismo punto, ya sea de distinta manera o mejor o peor, pero volvemos... todo sea porque la vida es cíclica, sin embargo, debemos regresar a ese punto preparados y conscientes, atisbados a la evolución, proclives a esa evolución, teóricamente. Evidentemente, ya que no podemos por ningún motivo dejar, permitir una pequeña involución. Cuando las estrellas traspasan su mandato al cielo azul y etéreo es donde debemos estar... ¿para qué? Para permitirnos un duelo de la oscuridad alumbrada, de la oscuridad superficial, de la oscuridad negativa, cínica y con tendencias a la luz avasalladoramente ciega y equivocada que nos habla de una fe ciega, que nos habla de una confianza desconfiadamente confiada superflua y errónea... ¿Por qué? Porqué no es lo esencial, no es lo que mueve nuestros corazones, no es lo que mueve realmente y sintientemente nuestro cerebro sentimental... ¿Entonces? ¿Volver a la eterna disputa entre razón y pasión? No, esta ves no, ¿Por qué? Porque no es el tema en discusión, no es el punto al cuál queremos indagar... eso, realmente no conviene a este dialogo, a este confín, a este límite, a esta profundidad secuestradora de emociones encontradas, a esta insondabilidad de valores desenfrenados por un estupor repentino de la tierna situación huérfana y única, que nos trae un maldito calvario diario.
Acabo de divisar la existencia de versatilidad en los pensamientos, adheridos a la situación de turno, inherentes al naciente y siempre distinto momento… ¿es que no nos damos cuenta?... todo depende, todo es relativo, todo es inestable; ¿entonces no podemos tener pensamientos elocuentemente consecuentes? ¿No podemos tener pensamientos basados a una misma postura? ¿Es que somos como rémoras a la conveniencia? No me parece esto, pero pasa constantemente o siempre ha sido así con nuestro conocimiento y consentimiento o también, inconscientemente, camuflados en la sombra efusiva del irracionamiento, actuando inadvertidamente, repentinamente, de manera soslayante a nuestro discernimiento o juicio, así es, como también no lo puede ser; es y no es, usualmente es y no es, ciertamente es y no es, teóricamente es y no es, prácticamente es y no es, da alusión a algunos y a otros no… que antagonismo, ¿no?
No nos estamos refiriendo a caretas, no nos estamos refiriendo a banales engaños, no nos estamos refiriendo a jueguitos tontos, no nos estamos refiriendo a patologías, no nos estamos refiriendo a impulsos irracionales… es menester mencionar que así como no existen las coincidencias ni las casualidades, no existe una versatilidad inconsciente con respecto a los pensamientos refiriéndonos a posturas, composturas, juicios, actitudes, etc. todo, eso insano y sin vergüenza, plegado y mortificado tácitamente como rémoras a la conveniencia, evidenciado de forma sutil y ordinaria… ¡versatilidad!… que indigno… se necesita hablar de evolución, no de amplitud revocable.