
…¿Ves? ¿Ves como laten mis ojos al mirarte?... ¿Sientes? ¿Sientes como mira mi corazón al tuyo?... ¿Oyes? ¿Oyes como mi mirada grita mis impulsos?... Mi sangre fluye y fluye… tu silencio mudo y mudo, mis ojos abiertos a contemplarte, a contemplarte abriendo sus pupilas, ventiladas plácidamente por tu belleza, que se posa en mi retina y que no debe salir y que no quiero que salga… ¡y que tú no quieres que salga!... Tu sangre ha cambiado el flujo, dirigiéndose hacia mí, dirigiéndose hacia mi entorno y contorno y mi contorno se adhiere a tus pensamientos, como sincera sonrisa a tus labios, que cambian de sabor al pensar en los míos y estos cambian el suyo al imaginar los tuyos, al imaginarlos acercarse poco a poco, saboreando la corta distancia, magnificando cada segundo, impacientándose en cada milésima y mirando el deseo puro, los dos, atraídos por la grandilocuencia de lo implícito y secreto, los dos, atraídos por el estupor repentino e incansable de la magnificencia natural e ingenua suprema a nuestras razones… ¿Percibes? ¿Percibes que somos condenados?... Condenados a mirarnos, condenados a acariciarnos, condenados a abrazarnos, condenados a no alejarnos, condenados a besarnos, condenados a suavizarnos mutuamente nuestras pieles, pieles adherentes, pieles incansables, pieles inherentes, pieles inseparables, pieles que se hablan, pieles que se acarician sutilmente, pieles que se besan, pieles que se miran… estamos condenados a ser vasallos de nuestros impulsos, estamos condenados a reflejarnos el uno a al otro, estamos condenados a ser condenados… ¿Piensas? ¿Piensas que mis pensamientos piensan en ti? Si, lo piensas y yo también lo pienso… es así… si, si oigo como tus pensamientos llaman los míos, haciéndolos callar por la magnitud de estos, que piensan y piensan… piensan y piensan en… palabras banales… no las quieres pensar, ¡entonces no lo hagas!... siente la melodía del ronronear de nuestras pasiones, siente que el mundo se está acomodando a nosotros, siente que está cómodo, cómodo al abrigo de nuestro abrazo, cómodo sentado en nuestro regazo, acostado en nuestros pechos, acariciado por el dulce tenor de nuestras miradas, que se toman de las manos para volar por donde tú quieras, para volar sintiendo la brisa aterciopelada de lo que nuestra ternura emana… ¿Te sientes? ¿Te sientes desvanecer junto al sonido suntuoso del roce de nuestra respiración?... ¿Alcanzas a ver la luces que aspiran nuestros sentidos y nos expiran sintiendo que estamos juntos?... el disimulo no tiene cabida, las miradas mudas nunca existieron… los labios que se movían sin hablar cesaron en el momento en que nos miramos directamente a los ojos profundizando la profundidad verdadera y emanando desde nuestros suspiros, la pasión verdadera…
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