
Miro ausente la ausencia de mi mirada, clavada en paradojas y en el miedo, en el miedo de la ausencia permanente de mi mirada, que permanece ausente en este momento, permanece ausente dentro de la ausencia de lo que no está y que lo peor de todo es el no saber de lo que no está. ¿Cómo saber que es lo que no está, si, indudablemente no está? ¿Qué pasa cuando se extraña algo que no está, pero no se sabe que es? No entiendo a que viene esa incertidumbre, esa incertidumbre tan inusitada y tan extraña y tan alejada de lo coherente. Pasa, así es, está pasando constantemente, pero cuando uno se da cuenta ahí es cuando el mundo comienza a girar contrariamente descolocándote de tu lugar, desconcertándote de tu ubicación en este momento en el tiempo. Es como si tus ojos se voltearan mirando algo que no deberían mirar, la nada. Y esa nada, que hace complejas conjeturas de tu realidad, mostrándotela de manera irreal, pero por ningún motivo utópica, sino irrealmente posible, irrealmente real, irrealmente irreal ante la irrealidad de tus irrealidades más reales y concretas. Toda una susceptibilidad de intangibilidades ante tus ojos que miran la nada inmersa en tu realidad. La paradoja de lo que es real e irreal. ¿Qué es real y qué es lo irreal? Lo real es lo irreal, porque se te hace tan inverosímil pensar que tu realidad es así que se torna irreal, pasa a ser tu irrealidad. Por lo tanto tu irrealidad, al ser esta inconcebible, o lo que por teoría es inconcebible, va detrás o inmiscuía en tu inconsciente, pereciendo en el disimulo. Se entiende tan irreal que se pasa por alto, como una aberración a lo concreto, pero a veces lo concreto no es lo real, sino lo intangible que está sobre nuestras cabezas, nuestro supramundo que vive en nuestro inconsciente o en los sueños que se presentan cuando mantienes los ojos abiertos, así como imágenes sin ver, como imágenes sobre puestas a la mirada, que miran la ausencia, que miran la paradoja de mirar sin ver, que miran lo que no está, estando en la ausencia, participando en la nada de lo concreto y yuxtapuesto a tus pupilas ciegas, que sienten cuando algo falta, no lo ven, pero lo sienten como un estupor creciente, naciendo de un brillo en la oscuridad que se presenta frente a ti, frente a tu ceguez, es, esa ausencia de lo que está remotamente ausente sabiéndose como tal, ausente. ¿Y por qué se sabe ausente entonces? Es, por tu inconsciente que lo sabes, es por que tu irrealidad se hace presente, mostrándote lo concreto, que es, la ausencia, el camino ausente que has de olvidar en algún momento en el tiempo, la ausencia de tus ojos hacia la nada, hacia un todo que crees que es nada, siendo nada, lo es todo, y ese todo, la gran ausencia en todo que lo crees todo siendo nada. La ausencia de un mañana, la ausencia de que existe un mañana que ahora, lógicamente, no está. La ausencia de un amanecer plagado de todos a la espera que abras tus ojos y sientas que esa irrealidad era real ahora, al despertar en el lecho de lo que sentiste era ausencia, es el sol mirando tus ojos ya no ausentes, sino presentes en el conciente que ayer fue inconsciente, consciente que el miedo vuelva a surgir como un sentimiento ausente, dentro de la nada irreal…


