
Las cosas que se resbalan por mis neuronas, las órdenes que bajan desde mi cabeza, esas palabras, que quieren llegar a mi lengua, para humedecerse y salir de estos labios prisioneros de mis sentimientos y emociones, de estos labios que encierran mi alma, que no dejan la simple expresión o el sentido de explayarse de los más oscuros y lindos pensamientos, de los sentidos que quieren su lugar para hacerse presente y caer como rocío acariciando cada átomo que se cruce por el camino que quieren recorrer, ellas, las palabras, la expresión, el deslice, vocal por vocal, queriendo, entendiendo, comprendiendo, apreciando cada unísono y composición posible, fijándose en cada sujeto y predicado, viendo desde arriba la oración, enamorándose de las oraciones yuxtapuestas, del verbo y de cada preposición que se haga presente, esa estructura, ese fluir de vocales correctamente bien expresados y explayados hacia un alcance, hacia una meta, hacia un fin, que es o son nuestros deseos, que tratamos de hacerlos saber, para una apreciación, para un admiramiento, para una alucinación de lo que va de tras de cada frase, oración o párrafo expuesto para cierta situación, para cierto requerimiento o la necesidad de obtener lo que nuestro querer nos ordena... es... lo que intento decir, escribir o la forma necesaria de expresar lo que mis deseos, ganas, impulsos, sentidos y sentimientos crean necesarios. Ellas actúan y deben actuar para una necesidad, no para un lujo, es lo que nuestra vida y contexto nos presione, de tal forma de hacer lo limitadamente posible, de no basarse en la mala utilización de este hermoso lenguaje para fines de lucro personalmente atrayente para el mercado de lo circunstancial y superficialmente engañador, en el sentido de obtener riquezas y complementos para la horrenda vida corrupta y vil, de lo que opaca este mundo, los papeles y monedas que nos mueven para comprar nuestras propias vidas y de las de nuestros hijos, nietos, bisnietos y hasta tataranietos; es, aunque muchos no estén de cuerdo, lo que nos hacen la felicidad. ¿Felicidad?, ¿qué es eso? Es un sentimiento pasajero que nos provoca la cierta circunstancia de poseer lo necesariamente alcanzable para formar una “felicidad” sobre la base de especies materiales y positivas, fuentes confiables para este mundo insano y aberrado, alejado de lo esencial, que no va de cuestiones ideológicas, religiosas ni doctrinales, es, lo que nos mueve, pero sin que la masa lo entienda ni quiera, sin embargo, que le vamos a hacer, no hay solución alguna, estamos perdidos dentro de este antro de desgracias y de actos sombríamente asquerosos donde la creación más hermosa y útil queda minimizada a lo superfluo e inutilizable para medir, intermediar y negar lo inverosímilmente posible. Nadie le hace caso, a ella, ente hermoso, único, solucionador y perfecto que pueda existir: la palabra, el lenguaje, en su sentido más estricto. Eso que nos sale desde nuestro interior, pero que no le hacemos caso, eso que nos dice nuestra esencia, nuestra capacidad de nobleza, nuestra versión más esperanzadora y versátil, esa palabras, esas letras, esas vocales, esos párrafos, esas estrofas, bellas y comunicadoramente puras. Esos sentidos que nos nacen desde nuestros rincones más inesperados, ese lenguaje que se convierte al salir de nuestros labios, de nuestras bocas, húmedas y ansiosas, mecánicas y poéticas, inermes e indefensas y utópicas... nuestras bocas, nuestros labios, que nos dicen y nos hacen implorar lo mágico del perfecto lenguaje que sale desde nuestras almas...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario