El peso de lo intangible me hunde cada vez más, me aprisiona en sus yagas, caigo a lo profundo, ese profundo infinito, tan cercano a lo irreal, que es mi realidad plena, ineludible, inherente, e ineluctable. Sale de mis vacíos para mezclarse con mis sombras, oscureciendo lo sombríamente iridiscente, atrayéndome a posarme en ese inimaginable e indescriptible estado, el cual ya he vivido muchas veces, el cual ya lo he sentido muchas veces.
La agonía de lo imposible ha inquietado mis miedos, los ha dejado paralíticos, perplejos. Lo agónico se sitúa delante mis ojos, distorsionándome la vista, energizando mi realidad, haciéndola vislumbrar por sobre todas las cosas, canalizando cada momento y un sin fin de probabilidades lloviendo desde mi cielo creando el arco iris más luctuoso que jamás halla visto, reflejando su lobreguez, hacia mis pupilas, haciéndome ver nítidamente los movimientos del mundo para conmigo.
La caída de las hojas secas se vuelve interminable, caen y caen, danzando con el viento que las aleja de su hogar, llevándolas a un lugar quizás demasiado inhóspito para su sensibilidad. El cielo llora, a cántaros, llora y llora, y ese llanto no deja ver lo lindo de su profundidad, lo lindo de sus colores. Escupe sus miedos, los aleja, aunque sabe que volverán, pero necesita desahogarse, romper su impotencia, alejar la implosión de su cuerpo y exacerbar lo hermoso de la contrariedad, que, naturalmente es inestable y efímera.
Mi cuerpo llora, mi cuerpo es mojado por la tierna lluvia, por esas interminables lágrimas, que acarician mi piel, que acarician mis sentidos y que acarician mis sentimientos, drenados a lo abstracto, de naturalidad tan hermosamente enajenante que chocan con mi materialidad artificial.
Ese mundo, tan lindo y tan lejano, así es, tan lejano, en este momento, que lo único que siento es que no estoy viviendo en ese mundo, estoy, viviendo en un mundo paralelo, mi mundo, interior, que se distorsiona para hacerse presente y llenarme de vacíos completos, completamente llenos de implosiones, que se apoderan de mi ser, de mi cuerpo y no me dejan vivir, no me dejan explayarme en este mundo común, el cual quiero disfrutar, antes de mi aparente muerte mortal... que, evidentemente no sé cuando llegará.
No sé cuando llegue ese amigo, porque es mi amigo, me ha visitado muchas veces.... y me ha dicho siempre que volverá. Lo dice como su sello, como su firma, como una manera de cerciorarse que nosotros sepamos que volverá, pero, me ha dicho que, alguna ves que vuelva, una de tantas veces, va a ser definitiva... y se quedará con mi vida y se quedará con todo, con todo lo que respecte mi materialidad. No sé cuando será ese día, pero voy a hacer lo posible para que cuando llegue, posea la serenidad necesaria para aceptarla y saber que no dejé nada pendiente... nada por hacer, nada esencialmente necesario por hacer.
La esperaré dignamente, pero espero que no sea ahora, ni en ningún momento como este, porque le faltaré el respeto y no dejaré que me lleve de esta manera, ya que, mi futura intangibilidad será molestada, será distorsionada por mi insaciabilidad, que lo ha provocado, este mundo, naturalmente bello, mágicamente bello, pero concretamente horripilante, lo cuál me ha dejado discapacitado para vivir, sincronizadamente, junto a mi cosmos en armonía con mi materialidad... la cuál lucho para que no sea en vano...
La agonía de lo imposible ha inquietado mis miedos, los ha dejado paralíticos, perplejos. Lo agónico se sitúa delante mis ojos, distorsionándome la vista, energizando mi realidad, haciéndola vislumbrar por sobre todas las cosas, canalizando cada momento y un sin fin de probabilidades lloviendo desde mi cielo creando el arco iris más luctuoso que jamás halla visto, reflejando su lobreguez, hacia mis pupilas, haciéndome ver nítidamente los movimientos del mundo para conmigo.
La caída de las hojas secas se vuelve interminable, caen y caen, danzando con el viento que las aleja de su hogar, llevándolas a un lugar quizás demasiado inhóspito para su sensibilidad. El cielo llora, a cántaros, llora y llora, y ese llanto no deja ver lo lindo de su profundidad, lo lindo de sus colores. Escupe sus miedos, los aleja, aunque sabe que volverán, pero necesita desahogarse, romper su impotencia, alejar la implosión de su cuerpo y exacerbar lo hermoso de la contrariedad, que, naturalmente es inestable y efímera.
Mi cuerpo llora, mi cuerpo es mojado por la tierna lluvia, por esas interminables lágrimas, que acarician mi piel, que acarician mis sentidos y que acarician mis sentimientos, drenados a lo abstracto, de naturalidad tan hermosamente enajenante que chocan con mi materialidad artificial.
Ese mundo, tan lindo y tan lejano, así es, tan lejano, en este momento, que lo único que siento es que no estoy viviendo en ese mundo, estoy, viviendo en un mundo paralelo, mi mundo, interior, que se distorsiona para hacerse presente y llenarme de vacíos completos, completamente llenos de implosiones, que se apoderan de mi ser, de mi cuerpo y no me dejan vivir, no me dejan explayarme en este mundo común, el cual quiero disfrutar, antes de mi aparente muerte mortal... que, evidentemente no sé cuando llegará.
No sé cuando llegue ese amigo, porque es mi amigo, me ha visitado muchas veces.... y me ha dicho siempre que volverá. Lo dice como su sello, como su firma, como una manera de cerciorarse que nosotros sepamos que volverá, pero, me ha dicho que, alguna ves que vuelva, una de tantas veces, va a ser definitiva... y se quedará con mi vida y se quedará con todo, con todo lo que respecte mi materialidad. No sé cuando será ese día, pero voy a hacer lo posible para que cuando llegue, posea la serenidad necesaria para aceptarla y saber que no dejé nada pendiente... nada por hacer, nada esencialmente necesario por hacer.
La esperaré dignamente, pero espero que no sea ahora, ni en ningún momento como este, porque le faltaré el respeto y no dejaré que me lleve de esta manera, ya que, mi futura intangibilidad será molestada, será distorsionada por mi insaciabilidad, que lo ha provocado, este mundo, naturalmente bello, mágicamente bello, pero concretamente horripilante, lo cuál me ha dejado discapacitado para vivir, sincronizadamente, junto a mi cosmos en armonía con mi materialidad... la cuál lucho para que no sea en vano...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario